México avanza en bancarización, pero sus hábitos de pago siguen siendo iguales
En México, cada vez más personas tienen acceso al sistema financiero; sin embargo, ese avance no se refleja en un uso cotidiano de los servicios digitales. Tener una cuenta bancaria ya no es el reto principal, se trata de convertir ese acceso en hábitos de consumo y pago.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 76.5% de los adultos en el país tenía, al menos, un producto financiero, cuenta o tarjeta de ahorro, un crédito, un seguro o afore, un avance que se ha logrado sostener en la última década. A pesar de ello, el efectivo domina; 85.2% de la población lo usa para hacer compras menores a 500 pesos y 73.5% lo mantiene incluso, en montos mayores.
“El sistema financiero logró incluir a millones de personas, pero no ha podido integrarlas plenamente a la economía digital. Tener cuenta en un banco no implica poder pagar servicios en línea, automatizar cobros o participar en modelos de consumo recurrente, porque la infraestructura sigue dependiendo de métodos de pago costosos para los comercios y de bajo acceso para las personas como las tarjetas”, explica Simón Pinilla, cofundador de DRUO, una plataforma de pagos que habilita cobros directos a cuentas bancarias vía domiciliación.
A pesar de estar vinculada a una cuenta bancaria, la tarjeta introduce altos costos, pasos, validaciones y posibles rechazos que dependen del usuario en cada intento. En cambio, pagar directamente desde la cuenta elimina intermediarios, lo cual reduce los costos para los comercios que cobran hasta en 90%, y permite que los cobros se realicen de forma automática y continua.
Un sistema que no se usa
El rezago también se refleja en el uso de herramientas diseñadas para digitalizar pagos. Un ejemplo, es el Cobro Digital (CoDi), impulsado por el Banco de México desde 2019. Aunque 38% de la población lo conoce, solo 12.8% lo ha utilizado.
“La diferencia entre que exista una herramienta y que realmente se use muestra un problema de fondo. La infraestructura ya está ahí, pero todavía no logra facilitar los pagos del día a día. Por eso, el siguiente reto no es abrir más cuentas, sino lograr que esas cuentas se usen para pagar de forma efectiva”, señala Simón.
En este punto, el uso de la cuenta bancaria como medio de pago se vuelve el siguiente paso. Hoy, millones de personas tienen una, pero no pueden usarla para pagar servicios digitales o compras en línea sin tener que recurrir a una tarjeta.
Para Simón Pinilla, habilitar pagos directos a través de domiciliación bancaria puede cerrar esa brecha. “Para las personas, el cambio es tangible; se eliminan intermediarios, es posible programar pagos y se reduce el riesgo de olvidar obligaciones recurrentes. También da mayor control sobre nuestras finanzas”.
Cerrar la brecha
En un país donde la inclusión financiera ha crecido en acceso, pero no necesariamente en uso, la oportunidad está en que el dinero que ya está dentro del sistema se mueva con facilidad. Solo así la bancarización dejará de ser una cifra y se convertirá en una herramienta de participación económica.
“El siguiente paso no es abrir más cuentas, es lograr que esas cuentas funcionen como medios de pago activos. Sin esa transición, la inclusión financiera seguirá incompleta. El reto no es bancarizar más. Es lograr que el dinero se mueva sin depender del efectivo”, concluye Simón Pinilla.


