El fútbol mueve a México: los sectores que lideran la oportunidad mundialista
Con el inicio del torneo de fútbol más esperado el próximo 11 de junio, México hará historia al convertirse en el primer país en albergar esta justa deportiva en tres ocasiones. Aunque en esta edición comparte la sede con Estados Unidos y Canadá, la expectativa y entusiasmo por el fútbol ya se sienten en el país, impulsando especialmente a sectores ligados al turismo, entretenimiento y servicios.
Serán 13 los partidos que se disputarán entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. De alcanzarse el aforo total en cada encuentro, se estima la asistencia de más de 856 mil aficionados.
Utilizando el marco de impacto económico de la FIFA para estos eventos, analistas de GBM estiman un gasto promedio del visitante de 416 dólares por día durante una estadía de doce días, lo que se traduce en aproximadamente 4 mil 300 millones de dólares en actividad económica incremental, equivalente a cerca de 0.2 puntos porcentuales de crecimiento económico.
El impacto será predominantemente impulsado por el consumo, gracias a la mayor afluencia turística, un incremento en la actividad comercial y un mayor gasto de los hogares en torno a los días de partido. Se espera que los servicios, incluyendo hotelería, alimentos y bebidas, entretenimiento y transporte, sean los principales captadores del dinamismo económico.
Se prevé que las ciudades sede experimenten una mayor ocupación hotelera, un incremento en la afluencia a restaurantes y una mayor demanda de ropa, electrónica y servicios de ocio; efectos que podrían extenderse más allá de las semanas del torneo. Además, datos históricos de la FIFA indican que aproximadamente el 65% de los turistas deportivos regresan a los países anfitriones. Para México, se estima que este efecto de turismo legado generará aproximadamente 188 millones de dólares en gasto adicional en los años posteriores.
Asimismo, tanto el sector público como el privado desempeñan un papel protagónico en las mejoras de movilidad y transporte, así como en el desarrollo de infraestructura deportiva y de alojamiento. Estos esfuerzos se complementan con iniciativas de ampliación de capacidad por parte de operadores privados de aeropuertos.
Por su parte, el sector retail suele registrar un crecimiento significativamente mayor durante los años mundialistas, incluso cuando México no es anfitrión, en comparación con periodos sin torneo. Este comportamiento pone de relieve la capacidad del evento para estimular el consumo de manera amplia, incluso en regiones que no son sede de partidos.
Las mayores ganancias suelen concentrarse en categorías discrecionales y vinculadas al hogar. Destacan las compras de artículos para el hogar y electrónica, ropa y abarrotes, impulsadas por consumidores que se preparan para seguir los partidos desde casa o en reuniones sociales.
El gasto en electrónica parece estar estrechamente ligado a la audiencia de los partidos, con aficionados que invierten en pantallas, bocinas y accesorios para enriquecer la experiencia. Incluso las ventas de artículos de papelería —posiblemente relacionadas con mercancía temática— han registrado un incremento.
En conjunto, estos patrones confirman que esta gran fiesta del fútbol no solo despierta la pasión de millones de aficionados, sino que también impulsa de forma significativa —aunque temporal— la demanda del consumidor, consolidándose como un motor coyuntural de consumo, conversación y dinamismo económico en el país.


